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domingo, 13 de septiembre de 2015

NOTAS Y APUNTES PARA UNA HISTORIA DE MORILES


PRESENTACIÓN DE “NOTAS Y APUNTES PARA UNA HISTORIA DE MORILES”

      Buenas tardes y gracias a todos por vuestra presencia en este acto de presentación.
     Gracias al Ayuntamiento de Moriles y (…) a todos los que de una manera u otra han puesto su granito de arena facilitando que este libro esté hoy aquí entre nosotros.
    Escribir un libro dicen que es una de las cosas que llenan de orgullo a quienes lo han realizado. Ciertamente, yo siento hoy ese orgullo, no sólo por ser el autor material de mismo sino, sobre todo, por haber dejado para mi pueblo una parte de la historia de sus primeros veinticinco años de vida municipal.
            DATOS Y APUNTES PARA UNA HISTORIA DE MORILES ha reunido esta noche a un buen número de morilenses y de amigos porque para nosotros significa algo que lo va a diferenciar de cualquier otro libro, porque nos narra parte de nuestra propia historia: la historia de los que nos precedieron en este pueblo y dejaron un estilo de vida y una forma de ser y vivir que han ido configurando nuestras propias raíces como pueblo. Como su nombre indica, no pretendo haber escrito la Historia de Moriles, sino haber aportado los primeros datos  y  haber esbozado los primeros apuntes para su Historia. Estoy seguro que desde hoy este libro va a ocupar un lugar privilegiado en nuestras casas.
            El origen de esta obra hay que buscarlo, sin duda, en el interés que siempre he tenido por conocer los orígenes de nuestro pueblo, por conocer nuestras raíces. Cuando era estudiante y en el colegio me pedían que escribiese sobre la historia de mi pueblo, me quedaba desconcertado y tenía que echar mano de los tópicos que se oían en la época: Moriles no tenía historia; antes era un pequeña aldea llamada Zapateros y se hablaba también de un lugar llamado Zapata, entre Aguilar y Lucena, que Castelar cita en su libro “El Suspiro del Moro” como escenario de una gran batalla. También habíamos oído hablar de la terrible calamidad del cólera morbo o del milagro de las habas. Eso era todo. Moriles, para los jóvenes de entonces, era un pueblo sin historia. Con todo nos sentíamos orgullosos de él y escuchábamos con interés las historias que narraban nuestros mayores.
         En 1983 el Ayuntamiento de Moriles me propuso como Cronista Oficial, nombramiento que acepté gustoso y que reavivó aquel interés mío. Aunque mi formación no es de historiador, sino de un simple aficionado a la Historia, durante bastante tiempo me dediqué a leer las actas de sesiones y Plenos del Ayuntamiento en los archivos municipales de Moriles y Aguilar y algún expediente que existe en la Parroquia de San Jerónimo y a anotar en fichas los datos más importantes. Luego vino la tarea de organizar y ordenar estos datos. Poco a poco fueron apareciendo mis primeros trabajos sobre historia local que tanto interés iban despertando entre muchos de nuestros paisanos. Hay que recordar de aquella época la aparición del Periódico Municipal de Información “Moriles” entre 1984 y 1987 y la publicación del libro MORILES. ESTUDIOS HISTORICOS ese último año.
            Fueron años de ilusión y desde entonces el interés por los temas de historia local no ha hecho más que crecer. El tiempo ha pasado y Moriles ha dejado de ser un pueblo sin historia. A través de mi blog muchos han podido seguir las crónicas de algunas épocas determinadas de la vida de Moriles y acercarse a los años en que vivieron nuestros abuelos. Este paso del tiempo me ha permitido localizar algunos archivos extraviados y consultar datos de prensa a través de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica del Ministerio de Educación. Y hoy, por fin, podemos ver todo el fruto de este trabajo recopilado, organizado y expuesto por capítulos en forma de crónica de la vida municipal abarcando también el urbanismo, la cultura, la sanidad, la vida social o los problemas del término municipal a lo largo de los años.
            Moriles se merecía ya una historia. No podíamos dejarlo por más tiempo. -a lo mejor me he hecho un poco pesado con mis insistencias al Ayuntamiento durante este largo año que se ha demorado su publicación- En mi historia he huido de hacer una narración grandilocuente, de exagerar los hechos para resaltar más las virtudes o los defectos de los protagonistas. Por el contrario he pretendido hacer una crónica objetiva, sencilla y real de la vida de nuestro pueblo desde que comenzó a gestarse como municipio hasta el último Ayuntamiento socialista de la República. Y recalco lo de crónica sencilla porque sencillos han sido nuestros orígenes, aunque cargados de la nobleza del trabajo, del dolor  y la lucha continua de un pueblo pobre por salir de su miseria.
            Para escribir la crónica de un pueblo el cronista debería tener una memoria prodigiosa, ya que la memoria es lo que nos une al pasado; pero la mía, desgraciadamente, es malísima. Afortunadamente ahí están los archivos y las hemerotecas que me han ofrecido los datos objetivos de la historia. Trescientas páginas y más de setecientas notas de referencia a pie de página resumen los primeros 25 años de vida de nuestro pueblo como municipio independiente, además de un siglo de gestación mientras fue la aldea de Zapateros, dependiente de Aguilar.
         La historia de Moriles está, ciertamente, en los archivos, en las crónicas de los periódicos, en las hemerotecas, pero hay otra historia –una historia hecha poesía- que, sobre todo, está en el campo, entre las cepas, entre los olivos, en los tajos, en los vallados, en las antiguas eras, en el aire, en la vida de cada uno de los morilenses, de los que hemos nacido aquí y hemos bebido de sus raíces el espíritu que nos ha hecho especiales.
            Cuando en junio de 1990, hace ahora 25 años, Paula Contreras presentó aquí su novela “Historias de un pueblo sin historia”, la primera historia novelada de Moriles, yo andaba ya a la búsqueda de datos históricos en los archivos y le decía:
            “El cronista busca un dato para reconstruir la historia o, al menos, para acercarse a ella; por el contrario el escritor, el poeta, la recupera íntegra, como por inspiración y crea su propia historia que tal vez sea más verdadera.”
          Y en la presentación de su segunda novela “LAGUNA GRANDE”, ella decía: “Escribiré del Moriles soñado por los zapatereños”. –¡Qué bonitas palabras!- Y Paula nos dejó la historia soñada de Moriles, la historia mítica de nuestra tierra, de nuestros campos y las luchas y anhelos de su gente por progresar, por salir de la pobreza y la ignorancia.
          Por eso quisiera, para terminar,  que cuando leáis estos “Datos y Apuntes para una Historia de Moriles”, esta crónica fiel de la vida de nuestro pueblo, penséis en aquella otra historia novelada de Paula y sintáis que Moriles está vivo, que su espíritu nos empuja a todos hacia un proyecto común, un proyecto amplio de pueblo que comenzó con unos  grandes ideales de libertad e independencia y que no podemos destrozar con nuestra mezquindad, nuestro egoísmo o nuestras miras cortas y estrechas. Un siglo, ya, de historia nos mira desde el pasado. Y Moriles nos necesita a todos para que entre todos sigamos escribiendo su historia.
Muchas gracias.

Antonio Cortés

Moriles, 11 de septiembre de 2015.

martes, 18 de agosto de 2015

Mi homenaje a Lorca en el 79 aniversario de su asesinato

Agosto de 1936. Las tropas sublevadas, que habían apoyado el levantamiento contra la República, habían ocupado ya gran parte de nuestros pueblos y principales ciudades. Las nuevas autoridades militares, la CEDA y la Falange habían tomado ya posesión de los Cuarteles, Gobiernos Civiles y Ayuntamientos. Los fusiles comenzaron entonces a cantar sus trágicas canciones. Las balas asesinas iban segando vidas inocentes. Había comenzado la represión. Luego, muerte. Más. Silencio. Más. El olvido.
García Lorca muere víctima de la represión nacionalista en Granada, víctima de una represión ciega, sangrienta y criminal, planeada y llevada a cabo por las autoridades provinciales contra toda persona comprometida de alguna forma con la esperanza en una sociedad más libre y más justa. Realmente Federico no podía escapar a aquella represión.
En los difíciles y agitados años de 1917 a 1920, cuando no era más que un adolescente, Federico se había unido a la esperanza del mundo socialista en el triunfo de la Revolución Bolchevique viviendo y sintiendo los movimientos sociales en el campo andaluz. Cuando en 1922 su amigo el profesor Fernando de los Ríos -más tarde Ministro de Instrucción Pública del Gobierno de Azaña- regresa a Granada de su viaje a Rusia, colabora con la suscripción abierta por el Centro Artístico de Granada en favor de la Rusia hambrienta. El poeta va tomando partido por los pobres. En 1934, durante su estancia en Buenos Aires, en una entrevista en Radio Stentor el 26 de marzo, se declaró “del partido de los pobres, pero de los pobres buenos”. Es el único partido en el que Lorca militó en su vida. Y el 15 de diciembre del mismo año, en el periódico El Sol, publicaba un artículo, que también aparece en El Defensor de Granada del día 21, donde declara:
“Yo en este mundo siempre seré y soy partidario de los pobres… Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega.”
Federico, que estaba acostumbrado a ver la indigencia del campesino andaluz, comprende que el origen de la marginación y de las diferencias sociales está en el desequilibrio económico, como declaró en la última entrevista publicada antes de su muerte en el periódico La Voz el 1º de abril de 1936:
       “Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Yo lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: “¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted el lirio que florece en la orilla”. Y el pobre reza: “Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre.” Natural. El día que el hambre desaparezca va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución. ¿Verdad que te estoy hablando en socialista puro?”  (Entrevista Felipe Morales, 1936. O. C. Aguilar 20ª edición, tomo II. pp. 1079-1080)
El poeta se había ido ilusionando con el triunfo de una Revolución espiritual capaz de redimir a todos los marginados. En 1931, al proclamarse la República, Federico se lanza a la calle participando en las manifestaciones callejeras, como declaró su amigo el diplomático chileno Carlos Morla. A partir de entonces y, sobre todo, a partir del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, participa en actos con matiz político, pero siempre como intelectual esperanzado en el triunfo de aquella Gran Revolución. En 1932, con la creación del teatro popular La Barraca, Lorca se había adherido a “la marcha hacia el pueblo” de los intelectuales españoles de entonces, sumándose así al movimiento de literatura social y comprometida. 
El artista ha de mantenerse como anarquista espiritual”, decía en una entrevista en Buenos Aires, y a Dámaso Alonso le decía: “Yo nunca seré político. Yo soy revolucionario porque no hay un verdadero poeta que no sea revolucionario.” (Dámaso Alonso. Poetas españoles contemporáneos, Gredos, Madrid, 1978, pp. 160-161)  Con estas palabras Lorca niega su militancia o su compromiso con algún partido político, expresando la clave de su compromiso social: éste le viene de su condición de poeta que pretende encontrar, como él dice, “la oscura raíz del grito” que une a todos los marginados del mundo. Sólo creerá en aquella Gran Revolución espiritual.
En realidad, políticamente, el poeta era bastante ingenuo. Gabriel Celaya relata la visita de Lorca a San Sebastián el 7 de marzo de 1936 con motivo de una lectura de sus obras en el Ateneo: Federico le había invitado a visitarle en el hotel Biarritz donde se alojaba, pero había invitado también, al mismo tiempo, a José Manuel Aizpurúa, arquitecto y falangista. Durante la reunión Celaya se abstuvo de dirigir la palabra al arquitecto. Más tarde Lorca se disculparía tomando a broma el acontecimiento. Celaya comenta: “Federico se reía. Creía que aquello no era más que una travesura de niños. No veía nada detrás. Se reía como de una broma. Pero esa risa, esa confianza… le costó la muerte.” (Gabriel Celaya. Un recuerdo de Federico García Lorca. Citado por Ian Gibson en La muerte de Federico García Lorca. Ruedo Ibérico, Barcelona, 1978. Pág. 37-38)
Esta ingenuidad política se convierte en un mar de dudas, vacilaciones y miedos en los días anteriores a la Guerra Civil. Así leemos en una carta a Adolfo Salazar en los primeros días de junio del 36 que Federico presiente acontecimientos desagradables para él. Su íntimo amigo Rafael Martínez Nadal, que le acompañó en Madrid hasta el momento de coger el tren para Granada, nos describe a un Lorca indeciso, desorientado y deprimido a raíz de los asesinatos del Teniente de Asalto José Castillo y de Calvo Sotelo. Pide opinión sobre lo que debía hacer tanto a sus amigos socialistas como falangistas (don Antonio Rodríguez Espinosa, Fulgencio Díaz Pastor, Luis Rosales y Agustín de Foxá).
Y sintió miedo los días anteriores al movimiento; un miedo tremendo. Pero con todo marcha a Granada, a su Granada, porque quería celebrar en familia el 18 de julio, día de san Federico. El presentimiento de la muerte había sido un compañero inseparable durante su vida, llegando incluso a ver su propio asesinato en estos espeluznantes versos de Poeta en Nueva York:
“Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
Los nombres de todos sus ahogados.

            Y en la madrugada del 19 de agosto de 1936, en su Granada, en la Acequia del pueblecito de Víznar, junto a la Fuente Grande, la antigua Ainadamar o Fuente de las Lágrimas que habían cantado los poetas árabes, quedó descansando el corazón de Federico. Pero un poeta nunca muere; nos quedará siempre su Obra, balcón abierto a todos los espacios y todos los tiempos:
“Si muero
dejad el balcón abierto.
El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo)
El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento)
¡Si muero,
dejad el balcón abierto!”
-Así pedía en su poema“Despedida”-
El poeta no muere; el poeta duerme, descansa: “Mi corazón reposa junto a la Fuente Fría”, diría también proféticamente en su poema“Sueño”. Y en su“Gacela de la muerte oscura” quiere permanecer para siempre en ese sueño:
“Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del Viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas”

            Lorca nos dejó el balcón abierto en su Despedida y hoy sigue con nosotros a través de su Obra. El investigador Gibson, después de investigar la muerte del poeta, nos afirma que “es la hazaña poética de Lorca -su Obra- y no su muerte, lo que sigue siendo y lo será siempre, un enigma”.

sábado, 11 de octubre de 2014

LA HISTORIA Y LOS FANTASMAS DEL PASADO

Óleo de Francisco Paula Alcalá Chacón
La Historia y los fantasmas del pasado

Antonio Cortés Cortés, Cronista local de Moriles
       
      A veces, para magnificar la importancia del presente o para reivindicar un proyecto de futuro, se le quita al pasado el valor que tiene tanto en la historia de las personas, como en la de los pueblos.
    
      Pero el pasado tiene un gran peso en la vida personal y en el desarrollo futuro de cada uno precisamente por la importancia del mismo en el origen del “ego” (eso que llamamos “yo”). Cuando queremos justificar nuestro modo de ser, nuestro carácter o nuestra personalidad siempre echamos mano de nuestra experiencia personal, de nuestro pasado, por muy duro o amargo que haya sido. Una vida sin experiencia esconde siempre una personalidad vacía, carente de valores. Por eso amamos nuestro pasado por encima de todo, porque es lo que sostiene nuestro ego.

      Queramos o no dependemos de él, ya sea por el recuerdo o, en la mayoría de las veces, a través del mito. El recuerdo nos une a un pasado real pero que nos puede atar y esclavizar a una realidad que no nos guste y de la que, posiblemente, queramos escapar. A veces los recuerdos nos son desagradables y nos atormentan y por eso recurrimos al mito e inventamos un pasado a nuestra medida; es como si nos hiciéramos protagonistas precisamente de la historia que hubiéramos querido vivir nosotros mismos. Con el mito recreamos un pasado a nuestra medida con objeto de perpetuarlo, limpio y transparente ante nosotros mismos y los demás y transmitirlo para el futuro.

      Pero hay recuerdos que nos traicionan y una y otra vez se vuelven contra nosotros; es entonces cuando aparecen nuestros fantasmas. Los fantasmas de nuestro pasado vienen a desmitificar lo que hemos construido, a decirnos que nuestro papel en esa historia que hemos fabricado, no fue de héroe sino de villano, no de víctima, sino de verdugo. Y aparecen entonces los fantasmas ocultos del egoísmo, del odio, de la codicia, del ansia de poder y dominio… que nos van llenando de sentimientos de culpa, de miedo o de resignación.

      Pero no quiero referirme ahora a estos fantasmas personales, a los que cada uno tendrá que reconocer y enfrentarse a ellos. Quisiera hablar de la Historia, que también tiene sus propios fantasmas. Siempre se ha dicho que la Historia la han escrito los vencedores, y es cierto, porque son ellos los que pueden convertir los hechos reales en mitos, pueden mitificar la Historia, recrearla a su medida, ya que poseen los medios de control, de difusión y de adoctrinamiento para conseguir una sociedad sumisa que acepte los mitos que ellos imponen. Ellos pueden escribir su historia.

      Por eso hay épocas o personajes que regresan como fantasmas, recuerdos que vuelven una y otra vez, demonizados unas veces o endiosados otras, intentando imponerse como modelos de valores, de sociedad o de gobierno. Son los fantasmas de la Historia manipulados para poseer y dirigir a la sociedad desde las tribunas del poder o de la prensa.

      Cuando interesa negar esos fantasmas, se fomenta en la sociedad la catarsis del olvido, el “aquello ya pasó”, para crear en la gente sentimientos de confianza, seguridad y esperanza en sistemas políticos o económicos que la Historia ha demostrado, a todas luces, como destructivos, opresores o antisociales, ¡cuando precisamente el olvido es el peor enemigo de la Historia! Es conocido el antiguo aforismo “un pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla”, es decir, condenado a ser un pueblo sin futuro.

      Igualmente resulta fácil, también desde el poder, demonizar los movimientos de denuncia, de liberación, de igualdad y justicia sociales, recurriendo a los fantasmas de la desconfianza, de la inseguridad o del miedo al futuro. Una gran parte de la sociedad, incluso perteneciente a las clases medias, pero apegada a la tranquilidad que le ofrece su vida aburguesada, terminará rechazando esos movimientos por el temor a perder lo que han ido consiguiendo en la vida.

      También Moriles, nuestro pueblo, posee ya su pequeña historia que hemos ido rescatando de los archivos municipales y que espero podamos ver publicada próximamente, a modo de crónicas, en un breve volumen como continuación de la Historia de la Aldea de Zapateros, de Antonio Maestre. Moriles cuenta además con su gran memoria, a caballo entre el mito y la leyenda, una memoria que Paula Contreras ha sabido plasmar en sus escritos consiguiendo un Moriles mítico, milenario, que trasciende las pequeñas historias de sus personajes.

      Y esta, todavía corta, historia de Moriles cuenta también con sus propios fantasmas que aparecen y desaparecen y siguen inquietándonos allá donde estemos, como aquellos antiguos “martinillos” de los cuentos de nuestras abuelas. Ahí están presentes, desde el origen de la antigua aldea de Zapateros, llena de alusiones a sangrientas batallas, crueles matanzas y luchas contra los gobiernos absolutistas, pasando por el proceso de emancipación que dio lugar al nacimiento del nuevo municipio de Moriles y que nos sumerge en un oscuro mundo de historias repletas de intereses por la posesión de la tierra y de rivalidades y luchas familiares o políticas, hasta el final de los primeros veinticinco años de vida del municipio, en los que la lucha por el control y el poder municipal fue una constante que creó todo tipo de sombrías situaciones, dramáticas unas y pintorescas otras.

      Todo este pasado nos va surgiendo ahora lleno de luces y sombras, de logros y fracasos, de héroes y villanos. Lo importante es que no nos dejemos influir por sus fantasmas, que recuperemos la verdadera historia de nuestro pueblo, sus auténticos hechos y personajes, dejando a un lado los sentimientos que nos despierten las antiguas ideologías o las historias familiares. Todo el pasado de Moriles, desde el más remoto al más reciente, sigue teniendo un peso específico en el origen de la idiosincrasia del pueblo, en su “yo” más profundo y, por tanto, en la forma de ser de los morilenses de hoy; por eso lo queremos y lo respetamos por muy oscuro que nos parezca.

      Pero los fantasmas de Moriles no sólo nos acosan desde su pasado histórico; también la tierra y el entorno de sus campos nos evocan algo que trasciende lo natural, como si una enorme fuerza telúrica y mítica, surgida del agua y el barro de su suelo, hubiese dado vida al pueblo al mismo tiempo que a sus ricas cosechas. ¿Quién no recuerda todavía los antiguos arroyos, fuentes, pozas, charcas y manantiales en el pueblo o sus cercanías? Por eso Moriles sigue teniendo sabor a tierra, a campo y a barro.

      Fantasmas personales, de la Historia o de Moriles. Hoy nos toca convivir con ellos. A veces desearíamos que no volvieran, conjurarlos y pensar que los hemos hecho desaparecer para siempre, que ya no existen, pero ahí están de nuevo recordándonos que las viejas historias siempre tienen un final y que algo nuevo puede comenzar a nacer en nuestra vida, en la Historia o en nuestro pueblo.

      Así nos lo recuerda la letra de aquella canción que Marlene Dietrich cantaba en la película de Billy Wilder, Berlín Occidente, exorcizando los fantasmas de la guerra: “Entre las ruinas de Berlín / los árboles florecen como nunca lo han hecho / Algunas veces por la noche sientes el pesar / El perfume de un dulce despertar / Es cuando finalmente te das cuenta / de que no volverán los fantasmas del pasado / Una nueva primavera va a comenzar…”

      Y esa primavera, que todos esperamos que comience en nuestra vida y en el mundo, tan necesitado de ella, es la que deseamos también para Moriles: que supere esos viejos fantasmas del pasado, esas antiguas ruinas de su corta historia y que florezca como árbol nuevo exhalando el perfume de un dulce despertar.  


Artículo publicado en la Revista de Feria Moriles octubre 2014



El origen de Moriles en el recuerdo de Paula Contreras

En julio de 1984 (tenía entonces 73 años), Paula Contreras, accediendo a una petición mía, plasmaba sus primeros recuerdos sobre Moriles en una densa y amplia carta que, por su contenido, creo debo poner al alcance de todos los seguidores de este blog. La divido en cinco páginas según su contenido.